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Pensando en mi papá

Por: Ana Catalina Echeverri Mesa

Pensar en mi papá es pensar en un hombre íntegro que desde siempre ha tenido claros sus no negociables. Para él lo más importante es su familia y por ella se ha hecho moler. Desde pequeña me enseñó que «ningún éxito en la vida compensa el fracaso de un hogar» y sus casi 45 años de matrimonio demuestran que lo ha tenido claro, no porque haya sido fácil sino porque hay que luchar cada día por mantener encendida la llama del amor.

Trabajó incansablemente para darnos el sustento diario, nos enseñó a distinguir entre lo necesario y lo superfluo, fue «muro de contención» frente a una sociedad de con-sumo arrolladora diciéndonos constantemente que “al que no se mide, lo miden”, nos enseñó que «el que paga lo que debe sabe lo que tiene», así que el mejor negocio es no deberle un peso a nadie.

No le gusta pedir nada prestado (mucho menos dinero), para él «el que come tierra, carga su terrón», así que cada uno debe tener lo que necesita para no incomodar al otro.

Siempre ha sido usuario del transporte público, especialmente del metro, pero sus piernas son el mejor «vehículo»: recorre calles y montañas sin congestiones ni incomodidades, mientras va observando cada detalle que encuentra a su paso haciendo la labor admirable de «veedor ciudadano».

El computador es su mejor aliado, se comunica con quien necesita y expresa con libertad sus opiniones frente a todos los temas de actualidad local y mundial.

Su amor por Colombia, Antioquia y Medellín son parte del legado que ha querido enseñarnos. Para él, antes de salir a conocer el mundo hay que conocer cada rincón de Colombia y, por eso, nuestras vacaciones familiares siempre fueron en territorio nacional.

La sabiduría, a la hora del consejo, nunca falta.  Conoce a mucha gente, pero tiene claro que los amigos se cuentan en los dedos de las manos… «amigo» no se le dice a cualquiera.

Su visión de la vida y el parámetro claro de lo que está bien y lo que está mal siguiendo la enseñanza de su padre que decía que «lo que no es normal es anormal», le permite ser radical frente a un mundo invadido por el relativismo.

Dice Proverbios 1:8-9: «Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre; porque guirnalda de gracia son para tu cabeza, y collares para tu cuello».

¡Gracias papá por cada una de tus enseñanzas y por ser un hermoso reflejo del amor de Dios en mi vida!