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En tiempos del Covid-19

Por: Ana Catalina Echeverri Mesa

Empezaré por aclarar que Dios no creó el COVID-19, pero ha permitido que exista y que se expanda por toda la tierra. Partiendo de esto, debemos recordar que Dios siempre tiene el control y siempre tiene propósitos eternos en aquello que permite.

Curiosamente, un virus al que aún no hemos terminado de conocer paralizó el mundo, nos igualó como seres humanos al hacernos vulnerables sin distinguir sexo, raza, nacionalidad o condición económica, y les tocó el bolsillo a todas las naciones de la tierra.

Dios, a través de Su Palabra, ha querido darse a conocer a la humanidad para traer salvación y bendición, pero estábamos tan ocupados viviendo para nuestros propósitos y deleites que no nos alcanzó el tiempo para conocer a nuestro Creador y decidimos vivir el día a día como llegara. No había tiempo para entender que «hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte» (Proverbios 14:12), y esa carrera loca del HACER para TENER, nos llevó a olvidarnos del SER.

Pues sí que un día llegó el COVID-19 y el mundo cambió, tanto que yo no quisiera que volviera a ser como antes. Me gustó encontrarme en mi casa dedicando tiempo a mi familia, haciendo lo que quizás nunca hacía, viviendo con lo necesario, no teniendo que correr de un lado para otro para cumplir citas «urgentes» que me hacían perder de vista lo más importante. Me encantó tener más tiempo para buscar a Dios, descubrir que la iglesia no son las paredes que nos encerraban y que es momento de «orar sin cesar», con fe, creyendo que Él se encarga de lo demás.

Llegó el tiempo de reposo, no sólo para los seres humanos sino también para la tierra, dice la Palabra de Dios: «Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo» (Levítico 26:34).

Hemos visto cómo el planeta tierra se ha recuperado de la contaminación, los animales han podido disfrutar de su hábitat sin la presencia del hombre, el calentamiento global ha disminuido al igual que el agujero de la capa de ozono, la atmósfera ha cambiado y Dios se ha hecho aún más visible.

Seguramente, quieres hacer la pregunta recurrente: «¿y de qué vamos a vivir mientras todo esto pasa?» La Palabra de Dios vuelve a darnos la respuesta: «Dios les da alimento a todos los seres vivientes, porque su fiel amor es para siempre» (Salmos 136:25).

Te invito a que dejes de angustiarte por el aquí y el ahora, decide creer que, al igual que ocurre con la naturaleza, Dios cuida de ti. Aprovechemos este tiempo para buscar a Dios, vivamos sin prisa, ligeros de equipaje, reordenemos nuestras prioridades y preparémonos, no para volver a la vida «normal» sino para empezar una vida mejor cuando volvamos a salir a las calles.