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El origen del problema

Por: Pablo Cano

El mundo apenas está reconociendo que frente a una situación tan delicada como una pandemia, no ha tenido los recursos necesarios para encontrar una solución efectiva. Todos corren a combatir el asunto, pero en direcciones opuestas y poco integrales, tratando de salvar cada uno sus propios sectores, demostrando una vez más que como sociedad, no le hemos apuntado al verdadero origen de tantos problemas. Me refiero a combatir el egocentrismo creciente el cual ha infectado a toda la humanidad, que desde el principio de la historia hasta nuestros días se ha vuelto característico de los seres humanos y ha producido una sociedad que ha perdido sus valores y principios. Hoy nuevamente, por ese dañino y desastroso egocentrismo, nuestro medio ambiente se resiente: muchos están perdiendo sus trabajos, otros están viendo la reducción de sus salarios, se ve hambre y escasez de alimentos, no hemos podido contener la corrupción, se multiplica el  maltrato intrafamiliar  y lo peor de todo, para completar este cuadro, la discriminación y la violencia dirigida a las personas del sector salud ¿Hasta cuándo tenemos que seguir tiranizados por ese terrible flagelo que arruina vidas, hogares y sociedad?

Sobre las decisiones de la humanidad, seguirá primando el principio de la Palabra del Señor como el antídoto por excelencia contra el egocentrismo.

Que hoy, la oración que salga de muchos corazones sea esta: “PADRE NUESTRO que estás en el cielo (…)”. Que no sea solo una bella intención o un valor declarado, sino la más excelente y poderosa decisión y actitud que debe residir en todos los seres humanos. La oración no inicia con “PADRE MÍO” sino con “PADRE NUESTRO”. De allí parte todo, de aprender a ser Uno con ÉL (Dios) para poder ser Uno con los demás.

Hoy más que nunca recordemos lo que nos enseña la Biblia:

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente —le respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos.  El segundo se parece a este: Ama a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-39).