
Por: Federico Marín Pineda – Coach de vida
@federicomarinp
SEGUNDA PARTE
Tres elementos que harán de tus espacios, pensamientos y acciones, verdaderos ambientes que propicien el éxito a tu alrededor:
Ser humilde: a pesar de lo que muchos puedan pensar, la humildad no es contraria al éxito. De hecho, es una de las claves para que sea duradero. Reconocer que la honra, el poder y la gloria son para Dios y que Él es tu proveedor en todos los sentidos, es el secreto. Un corazón humilde ante Dios es uno receptivo a su dirección, que toma tiempo para escucharle y se deleita ante su presencia. Una persona humilde tiene un temor reverente a Dios, se identifica con la prudencia y la sabiduría (cuya fuente es Dios mismo y no por su propia inteligencia).
El éxito nos debe llevar a poner nuestros ojos en Dios y a caminar siempre en obediencia a su voluntad. No debemos permitir que nuestros logros nos envanezcan alejándonos de Dios y de su objetivo para nuestras vidas. Todos nuestros triunfos vienen de Dios: Él nos provee la inteligencia, las fuerzas y los medios para conseguirlos. Como dice la Palabra, “El temor del Señor imparte sabiduría; la humildad precede a la honra” (Proverbios 15:33).
Encomendar los planes a Dios: ya es sabido que nuestro Padres es un Dios de orden, que nos invita a ser buenos administradores, a planificar. Y esto es justo lo que las personas de éxito recomiendan. Para nosotros los hijos de Dios, esto es prioritario, sobretodo porque está de nuestro lado el Espíritu Santo, quien puede hacer que nuestros planes se cumplan si ponemos todo bajo su control. “Encomienda tus planes a Dios, pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán” (Proverbios 16:3).
Darle la gloria a Dios: cuando reconoces que tu éxito procede de Dios, y que es su amor, su misericordia y su gracia los que te permite disfrutar del camino; cuando reconoces que Él es real, definitivo y contundente para ser exitoso, tu carácter es formado y protegido de tener un éxito lleno de vanagloria, que se atribuye lo que sólo fue posible por la intervención divina. De esta manera, tu éxito será eterno y glorifica a Dios. Camina cerca de Dios, en obediencia y reconócelo en todos tus escenarios, así estés en el lugar que estés, no importa la complejidad de tu proceso, cree que Dios siempre está cuidando de ti, generando un ambiente de éxito a tu alrededor. “Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy” (Deuteronomio 8:11).
