Sin comentarios aún

¿De qué tenemos hambre realmente?

Por: Estefania Rodriguez Tamayo
redes: @stefaniart20 y @eat.andfeel Cenfol centro, MVE.

En nuestro desarrollo como seres humanos experimentamos una serie de necesidades fisiológicas, como la alimentación. Uno de los indicadores corporales que poseemos para reconocer que es momento de consumir alimentos es el hambre, aquella que controlada por nuestro sistema nervioso central puede manifestarse como una sensación física, en ocasiones incómoda o dolorosa, causada por un consumo insuficiente de energía.

Una característica del hambre es que es particularmente emocional, está articulada a nuestros recuerdos, raíces, cultura y celebraciones. Esto en sí no supone un problema, sin embargo, la dificultad se manifiesta cuando esa “hambre emocional” está fuera de nuestro control y empezamos a convencernos de que muchas de nuestras carencias emocionales, descontentos, miedos o frustraciones pueden alivianarse con esa sensación placentera y momentánea que nos brindan algunos alimentos, y es justo después de ese momento de placer fugaz que arremete contra nosotros esa sensación de culpa que puede hacernos sentir peor que cuando teníamos hambre. De pequeños siempre nos indicaban la forma como debíamos comer, el tipo de alimento, los horarios, las cantidades y ahora que somos adultos ¿a quién escuchamos, quién nos guía? La forma de batallar con nuestros impulsos y emociones es escuchando a nuestro cuerpo, haciendo elecciones saludables y permitiéndonos comer los alimentos que más nos gustan y nos hacen bien, con control y consciencia.

En nuestra vida espiritual a menudo podemos experimentar que, por más que tenemos todo, no sentimos esa saciedad anhelada y es ahí donde debemos preguntarnos ¿nos estamos nutriendo realmente con lo que Dios nos ofrece y que verdaderamente sacia, o solamente estamos tomando calorías vacías que encontramos en el mundo y que finalmente no se van a reflejar de una forma positiva en nuestra vida?