
Por: Mónica Patricia Rovira Gutiérrez
Ing. industrial
Coordinadora de MOPS para America Latina
@rovira.monica
¡Soy abuela! de tres hembritas y dos machitos que nacieron en este tiempo de cuarentena. Han sido rayitos de esperanza que ha usado Dios para recordarnos como familia lo bello que es el milagro de la vida.
Estos últimos meses han sido duros, complejos, con varias situaciones familiares tristes, pero también un tiempo en que hemos visto la misericordia y el cuidado de Dios. Ahora veo a mi perrita con sus cachorros y, aún en medio de sus limitaciones, veo como ella los cuida con esmero. Es, tal vez, algo cotidiano, pero algo que ha hecho nacer en nosotros la esperanza.
En estos días le he pedido a Dios varias cosas. Debo confesar que a veces pido sin fe, sin creer que Dios pueda o quiera contestar, pero Él siempre contesta. A veces dice sí, a veces dice no y a veces dice espera. Nos cuida tiernamente y sabe lo que es mejor para nosotros.
Como mamá, en medio de mis muchos errores y limitantes, quiero lo mejor para mis hijos y quiero darles TODO lo que ellos necesitan. En medio de mis enojos en este tiempo, por las noches le pido a Dios que llene el corazón de mis propios hijitos. En verdad quiero ser la mejor mamá para ellos. A veces mis errores me llenan de culpas, pero luego recuerdo que Dios es primero el Padre eterno de mis hijos y que Él me escogió para ser su mamá. Si Él cree en mí yo también debo creer que puedo.
En medio de mis meditaciones me encuentro con este maravilloso pasaje y me doy cuenta que, aunque pida sin fe, aunque no sienta que Dios está ahí, Él es mi padre y suplirá cada una de mis necesidades y las de mi familia.
“¿Si su hijo le pide pan, ¿quién de ustedes será capaz de darle una piedra? Y si le pide pescado, seguro que no le dará una serpiente venenosa, ¿verdad? Pues si ustedes que son malos saben dar buenas cosas a sus hijos, ¡Cuánto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que se las pidan!” (Mateo 7:9-11 NBV).
Pasos prácticos
- Ten un corazón agradecido, cuenta tus bendiciones cada día. Puedes llenar un diario de agradecimiento para entrenar tu mente a reconocer las cosas buenas.
- Haz algo que descanse tu mente (mirar el celular no cuenta), aparta un tiempo para orar, para hablar con Dios y también para hacer actividades que te hagan descansar. Leer, pintar, salir a caminar, escribir, son solo algunos ejemplos.
- Edifica tus relaciones. Aún con distanciamiento social podemos escuchar la voz de una amiga, de un familiar o de una líder o mentor que pueda ayudarte a tener una perspectiva diferente.
- Si estas lidiando con sentimientos de angustia, miedo o ansiedad al punto de que tus patrones de sueño o alimentación se vean alterados, busca ayuda profesional. Pregunta en la iglesia por profesionales cristianos que puedan apoyarte. No tienes que llevar esta carga solo (a).
