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Aprovechando La Oferta

Por: Ana Catalina Echeverri Mesa

Hace pocos días se llevó a cabo en Colombia el denominado “Día sin IVA”, durante el cual la gente podía hacer sus compras sin tener que pagar el impuesto a las ventas logrando, así, adquirir sus productos a un menor precio.

Viendo cuál fue la reacción de la gente que, en medio de una pandemia contra la cual hemos venido luchando, tratando de cuidar la salud sin descuidar la economía, adaptando protocolos de aislamiento inteligente y medidas de bioseguridad para evitar la propagación del virus, recordé aquel pasaje de la Escritura que dice: “Todo me es lícito, mas no todo me conviene” (1 Corintios 10:23).

Y es que el reloj no había marcado la hora cero, cuando ya la gente se había olvidado de la pedagogía recibida durante los últimos meses y solo tenía en su mente la idea de “aprovechar” para comprar más barato. Pregunto: ¿Es malo aprovechar ofertas? ¡No! ¿Era conveniente salir a la calle para aprovechar la oferta? ¡No! Era momento de pensar con prudencia y considerar las consecuencias que un deseo consumista desaforado podría traer. Era el momento de pensar si la realidad financiera personal, siendo coherente con las circunstancias económicas de los últimos meses, permitía salir alegremente de compras, sabiendo que, aunque fuera a crédito, el “tarjetazo” habría que pagar y, quizás, con un costo de financiación que superaría el valor del descuento… Era momento de pensar con solidaridad y decidir postergar el deseo con miras a cuidar la salud propia y la de quienes le rodean.

Desafortunadamente, la razón de muchos se vio nublada por el deseo de tener y salieron a la calle, seguramente, diciendo: “Saldré de compras y que Dios me ayude”, pero olvidaron lo que dice el Señor: “El prudente ve el peligro y se esconde, pero los necios siguen adelante y sufren las consecuencias” (Proverbios 22:3).

La anécdota que narro es solo un ejemplo para hacer notar que necesitamos identificar aquello que, no obstante es lícito (legal), sin embargo, no nos conviene, simplemente, porque a Dios no le agrada y que, al igual que los compradores del día sin IVA, podremos pensar que no pasa nada, pero las consecuencias, tarde o temprano, llegarán. También dice la Palabra de Dios: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).